viernes, 3 de diciembre de 2010

¿Existe?

En ocasiones, tu propia habitación te presiona para que entres dentro de ti. Si llega ese momento en el que, sin darte cuenta, te ves mirando hacia el techo teniendo la extraña sensación de que te estás perdiendo algo. Es la hora de decir '¡bingo!', porque tu intuición debe estar en lo cierto.


Pasear los ojos por los títulos de un montón de libros y pensar '¿qué tengo YO que ofrecerle a las personas y al mundo?'. ¿Existe siempre algo dentro de cada uno de nosotros, que sea tan perdurable como un descubrimiento técnico o el poema que marcó a unas cuantas parejas?

El universo que nos rodea no es tan resistente. De hecho va 'bien' pensar que se reduce a 'YO' y que lo demás no importa. 'COGITO ERGO SUM'. Si el mundo no piensa por si mismo porque tenemos que pensar por él, no existe. Pero ocurre que tenemos necesidad del mundo, ansia de él en nosotros, no de nosotros en él. Y el mayor de los problemas reside en  la coexistencia de ambos.


Si lo perdurable no es lo que hagamos ni lo que dejemos o el propio lugar, si todo se resume en uno y en todos en un espacio que se nos escapa y ni nos importa ¿cuál es el valor de la lucha?  

3 comentarios:

  1. Una sensación como esa puede llegar a ser demasiado familiar, ahi es cuando nos encontraremos con el problema.

    Ofrecemos lo que tenemos, para unos será nada, poco, para otros será todo, encontrar a éstos últimos es uno de nuestros fines. A aquellos que sepan vernos, y ni solo mirarnos, es difícil. Preguntale a alguien así si lo tienes cerca, preguntale luego a alguien que acabas de conocer, o a alguien que te cruces cualquier dia por la uni, puedes ver respuestas demasiado diferentes.

    Nada es resistente, nosotros, por ejemplo, podemos vivir más de 100 años, pero basta con un ahoja afilada, un proyectil lanzado a mas de 100km/h, o simplemente unas células de neustros cuerpo poco agradecidas para que, de repente, ya no estémos vivos. La resistencia es relativa en estos casos, podemos volvar una monatña con dinamita, pero podemos vernos frente a un tsunami.

    Coexistir, ya seaentre los humanos y el mundo, o ni siquiera hemos de irnos tan lejos; coexistir entre humanos, ya es tan difícil o más que cualquier otra cosa.

    Las luchas nunca tienen valores, el único valor de estar aqui es la existencia misma, aportando y destruyendo, dejando legados, o no; podemos ser importantes para miles de personas, y podemos serlo todo en el mundo para una sola.

    Pensamos en unidades, si no fuese así, todo sería un caos, si sólo pensasemosen unidades, tambien.

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  3. No puedo evitar contestar esa última pregunta y discrepar enormemente con la intervención de la persona que comenta antes que yo.

    Las personas tienen la necesidad inherente de buscar en sus vidas un estado de cosas cierto. En ese estado de cosas hay unos elementos que deben estar de una determinada manera. (Ejemplo: quiero que mi salud esté bien). O lo que es lo mismo, queremos proteger unos valores o bienes relevantes para nuestra vida (en el ejemplo anterior: proteger la salud). Llegados a este punto es necesario estimar que todo el curso de acciones que el ser humano lleva a cabo para la protección de esos valores es la lucha. Por esto la lucha, es en mi opinión, algo esencial, lo que te permite vivir, entendiendo la vida en su sentido más amplio.

    Así, el sentido de la lucha se encuentra en su fin, la protección mediante acciones de aquellos valores relevantes para el ser humano que considera necesarios para su bienestar real. Por esto, en mi opinión, el valor de la lucha es igual al valor de los "valores relevantes" que busca proteger.

    Así, una persona que, por ejemplo, tenga como uno de esos valores relevantes la salud, y sea portadora de una grave enfermedad, actuará de una determinada manera (visitar al médico periódicamente, realizar todo aquello que éste le mande, etc...). Estas acciones para la protección de la salud son su lucha.

    Lo mismo ocurre con la madre soltera que busca estabilidad económico-laboral para satisfacer las necesidades de su hijo. Lucha, con sus actuaciones, para proteger un valor: la salud, el desarrollo y el bienestar de su hijo; y el valor de su lucha es igual al valor objetivo de ese pequeño ser humano que protege. Así es la naturaleza humana, y no caben experiencias metafísicas.

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